Humanidad deshumanizada

El invierno se presentó más frio de lo habitual. Las continuas lluvias no hacían más que agravar la humedad que calaba sus huesos maltratados por el paso del tiempo, por la mala suerte que corrió los últimos años de su vida.

Jamás imaginó que terminaría sus días tirado en la calle viendo pasar la indiferencia de la gente, los gestos de repulsa cuando lo veían sentado junto a sus cartones, los mismo que le servían de refugio cuando el sol daba paso a la luna durante largas horas.

Tuvo un buen trabajo, una casa, una familia, era feliz, las cosas marchaban sin problema hasta que un día la suerte dejó de acompañarlo, lo abandonó sin motivo aparente, se marchó de su lado para siempre.

Entonces las deudas se convirtieron en las protagonistas, se cansó de suplicar, de pedir favores, de intentar seguir hacía delante, de justificar envidias, de levantarse cada vez que le ponían la zancadilla. La sociedad se encargó de dejarlo caer. Su familia tomó el camino más sencillo, culparlo de todo y dejarlo solo, abandonarlo sin mirar atrás. A veces esas cosas pasan. Hay gente que puede llegar a ser muy cruel, a él le tocó vivirlo en sus propias carnes.

Entonces descubrió lo duro que era vivir en la calle, mendigar, pasar días sin comer. Se volvió un ser retraído, amargado, se refugió en su propia realidad dejando de importarle el mundo en el que vivía. Dejó de confiar en el ser humano, motivos no le faltaron.

La noche que murió fue la mejor de su existencia, por fin se liberó de aquella pesada mochila, de un cuerpo cargado de cicatrices por las palizas que había recibido a pesar de que jamás se metió con nadie. Cerró los ojos para no volver abrirlos más. Por fin escucharon sus plegarias, por fin le tocó marcharse.

No somos conscientes de lo que tenemos hasta que lo perdemos, nos creemos con derecho a todo, tomamos la palabra libertad a nuestro antojo sin valorar las consecuencias que puede conllevar, dejamos de respetarnos a nosotros mismos. No nos paramos a pensar las circunstancias que han llevado a una persona al límite. Empezamos a carecer de valores.

Ese vagabundo nunca imaginó que terminaría siéndolo, ese vagabundo podríamos ser cualquiera de nosotros el día de mañana, nuestra suerte puede cambiar de un momento a otro, el destino te lo quita todo del mismo modo que en su día te lo dio. Eduquemos a las generaciones que vienen enseñándoles respeto, evitando el odio, agradeciendo lo que la vida nos brinda, abrazando al compañero y ayudando al desconocido, devolviendo al ser humano su condición de humano.

Sandra Raya Porcel

#Unavidaporerroroundestinosincorazon

2 comentarios en “Humanidad deshumanizada

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