Hasta siempre

Conseguía sonreír por primera vez en años, las cosas comenzaban a funcionar de nuevo. Todo fluía como si aquel mal momento quedase muy atrás. Estaba preparada para volver a empezar, su vida cobraba algo de sentido de nuevo. Había conseguido perdonarlo, o eso creía. Sabía que aunque jamás olvidaría lo sucedido podría volver a verlo, a saludarle, a intentar entenderlo, pero sobre todo a dejar de juzgarlo por su manera de actuar cuando se llevaron la vida de su hijo para siempre.

Aquella triste noche ni siquiera tuvo la oportunidad de despedirse. Le arrebataron la juventud sin compasión, tan solo querían robarle la cartera, ironías de la vida, una cartera que estaba completamente vacía. El destino quiso que se topara con aquellos desgraciados sin corazón.

La avisaron de madrugada, no daba crédito a lo que oía, su hijos, su pequeño tesoro, el mismo que prometió volver enseguida, ¿ya no estaba?, no podía ser real, se pellizcaba y golpeaba intentando despertar de aquella terrible pesadilla. Gritaba , corría de un lado a otro con desesperación, lloraba sin consuelo, su cabeza daba mil vueltas por minuto hasta que de repente cayó al suelo. La encontraron allí tendida con la miraba pérdida y miles de recuerdos agolpados en su mente. Estuvo en estado de shock varios días. Jamás superaría algo así, tan solo aprendería a vivir con ello, se acostumbraría a la pena que tiñó su corazón de negro para siempre, esa sería su compañera de viaje hasta que le tocara marcharse, algo que suplicaba y deseaba noche tras noche mientras se aferraba entre lágrimas a una fotografía en la que aparecían juntos disfrutando de un bonito día de campo.

A los asesinos no fue capaz de mirarlos durante el juicio, no merecían ni un solo gesto por su parte, ese día en el que tuvo que escuchar como lo hicieron, su vida se apagó un poquito más, fue un día muy duro pero necesitaba vivirlo, tenerlos delante. Su hijo ya  no estaba allí pero ella daría la cara por él.

Tras aquel momento decidió cambiar, algo le dijo que la venganza no llevaba a ningún sitio, quizás fue su propio hijo el que le dio fuerzas para seguir, quizás consiguió escucharlo después de tanto tiempo, fue él quien la hizo entender que nadie tiene derecho a juzgar a los demás, que todo ocurre por un motivo y que ella tendía que aprender a vivir con su ausencia a pesar de que siempre permanecería a su lado para no dejarla caer.

Por primera vez desde que se fue un ápice de esperanza impregnó su ser. Habló con él, sacó fuera todo lo que llevaba tanto tiempo guardando, consiguió decirle lo que necesitaba, lo mucho que lo quería y lo importante que había sido su existencia para ella. Le prometió que intentaría volver a vivir y le pidió, le suplicó que continuará a su lado, que no la dejase sola en este mundo hostil y egoísta en el que tendría que continuar sin remedio.

Fue entonces cuando entendió el miedo que pudo sentir su acompañante, lo que le hizo huir y dejarlo solo con los que minutos después se convertirían en sus asesinos. El sentimiento de culpa que cargaría como una pesada mochila a sus espaldas durante toda su existencia sería su mayor su castigo.

Sandra Raya Porcel

#Unavidaporerroroundestinosincorazon

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